La noche que Leopoldo Jacinto Luque fue secuestrado por la Dictadura y se salvó “de milagro”

El 25 de junio de 1978, la Selección Argentina conquistó su primera Copa del Mundo ante Países Bajos en un Estadio Monumental repleto. La euforia de la victoria en Núñez un año después se transformó en una película de terror para un integrante de aquel equipo.

El protagonista de esta historia es Leopoldo Jacinto Luque, pieza elemental en la ‘Albiceleste’ de César Luis Menotti que dejó atrás 48 años de frustraciones y que logró el ansiado trofeo mundial ante un contexto político tensionado por el régimen del Proceso.

Bajo ese marco, Luque asistió al Antonio Vespucio Liberti a un partido de River, pero el espectáculo deportivo se convirtió en una auténtica pesadilla para el ex artillero surgido de las inferiores de Unión de Santa Fe.

La insólita detención de Leopoldo Jacinto Luque a manos de la Dictadura

Durante una entrevista brindada a Clarín en junio del 2020, el ‘Pulpo’ develó la historia de su detención bajo el régimen de la dictadura que esparcía terror en la Argentina hacia fines de los años setenta. “Dicen que andábamos con los milicos y a mí los milicos me secuestraron, me robaron y no me mataron de milagro. Ya te digo: cuando empecé a caminar y a encarar para el descampado, en mi cabeza solo esperaba el sonido del disparo, el ‘¡Puum!’ que me matara”, confesó apenas unos meses de partir a los 71 años.

La historia transcurre en 1979, cuando presenció un partido del ‘Millonario’, equipo por el que militaba en aquel entonces. El entrenador Ángel Labruna decidió preservarlo, así que Luque asistió como cualquier otro espectador en aquella velada al Estadio Monumental.

Sin embargo, a la salida, cuando se dirigía a su casa en Martínez en su coche, detectó que otro vehículo lo seguía de cerca a la altura de Avenida Maipú. Tras varias cuadras con la misma secuencia, Leopoldo Jacinto decidió dejar pasar al otro auto, que a los pocos metros se detuvo de manera súbita.

Veo que se baja un tipo corriendo. En una mano levantaba una chapa de Policía y en la otra tenía una pistola. Se me acerca y me pide los documentos. Yo le dije que sí, que se los daba. No entendía nada. Los tenía en la guantera, dentro de un sobre. Y el tipo me amenaza: ‘Quedate quieto porque te arranco la cabeza de un tiro’. En ese momento, otra persona entró por el asiento del acompañante, abrió la guantera, agarró todos los papeles que tenía y se me sentó al lado”, comentó el ex Rosario Central, Racing, Santos y Belgrano entre otros.

Mientras uno de los secuestradores tomó el volante de su auto, Luque permaneció en el asiento trasero junto a otro apuntándole con la culata de su arma y manteniéndolo quieto. Detrás suyo, otro auto los acompaña en un incierto recorrido.

De un momento a todo, relata Luque, llegaron a un descampado y lo hicieron bajarse del vehículo. “En ese momento apreté los dientes. Sentía que iba a venir el disparo, que iba a ser boleta. Caminé, caminé, había yuyos… Hasta que siento que se va un auto; me doy vuelta y era el mío. Y me quede ahí. Respiré”, detalló.

El regreso a casa y la denuncia policial del secuestro

Tras quedar a la deriva sin auto, y luego de que le robaran dinero, una cadenita y un anillo, Luque esperó al lado de la ruta haciendo dedo hasta que alguien aceptó llevarlo. Fue a una comisaría a tres cuadras de su casa, donde lo reconocieron y describió a un comisario lo acontecido.

A través de la descripción de los asaltantes que exdelantero le dio al comisario y a otro policía que estaba presente en el lugar, estos llegaron a una conclusión: los secuestradores eran policías o militares. Dos meses después, en medio de un entrenamiento con la Selección en José C. Páz, un patrullero arribó a la concentración pidiendo por Luque. Le comunicaron que habían encontrado su auto y que tenía que identificar al ladrón.

“Yo ya no quería saber más nada —recuerda—. Me obligaron a ir y dijeron que había algunos sospechosos de haber sido quienes me asaltaron. Tuve que hacer el reconocimiento por una mirilla. Yo los veía, pero ellos no me veían a mí. Hasta que, en un momento, cuando van rotando a uno de los sospechosos, lo ponen de perfil y me doy cuenta de que sí, era él. Y era un milico. Pero no dije nada. No sé, me dio miedo, pensé que sería peor”, completó su relato en seis años atrás el campeón del mundo.

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