Siete bicicletas, una bandera y la felicidad de un país resumida en una calle de tierra
En esos rostros llenos de felicidad no había diferencias sociales ni preocupaciones por el mañana. Solo existía la alegría de ser argentinos.

Nota de Opinión: Por Fernando Serrano, desde la redacción de sgosports.com.ar.
No hubo autos de alta gama, caravanas interminables ni fuegos artificiales. Tampoco pantallas gigantes ni escenarios preparados para una celebración. Solo siete niños, sus bicicletas por una calle de tierra santiagueña que sintetiza la felicidad de todo un país tras la gran victoria Argentina sobre Inglaterra. Pocas imágenes explican mejor lo que significa el fútbol para nuestro país.
Mientras la Selección Argentina derrotaba a Inglaterra y conseguía el pasaje a una nueva final del Mundial, ellos salieron a festejar como pudieron. Pedaleando con todas sus fuerzas, gritando cada canción que aprendieron de sus padres, haciendo sonar sus voces como una bocina improvisada y levantando la bandera celeste y blanca con el orgullo de quien siente que también forma parte de esa victoria.
En esos rostros llenos de felicidad no había diferencias sociales ni preocupaciones por el mañana. Solo existía la alegría de ser argentinos. La tierra que levantaban las ruedas de las bicicletas no ensuciaba la fiesta; por el contrario, le daba identidad. Era la postal de un país profundo, donde el fútbol sigue siendo una de las pocas cosas capaces de igualar a todos.
Muchas veces se dice que el fútbol es solo un deporte. Pero escenas como esta demuestran que, para millones de argentinos, es mucho más. Es una herencia que pasa de abuelos a padres, y de padres a hijos. Es un lenguaje común que une generaciones, barrios y pueblos enteros. Es una excusa para abrazarse con un desconocido, para llorar de emoción o para creer, aunque sea por un rato, que todo es posible.
Esos siete chicos quizá no recuerden cada jugada del partido dentro de algunos años. Tal vez olviden el minuto exacto del gol o quién dio la asistencia. Pero difícilmente olviden la sensación de recorrer las calles de su barrio con una bandera al viento, sintiendo que eran parte de una alegría compartida por millones de personas.
En tiempos donde las pantallas ocupan gran parte de la infancia, ver a un grupo de chicos cambiar el celular por una bicicleta para salir a celebrar es una imagen que invita a la esperanza. Porque el fútbol todavía tiene la capacidad de sacar a los niños a la calle, de hacerlos jugar, cantar, compartir y soñar.
Quizá el mayor triunfo de la Selección no haya sido solamente alcanzar otra final del mundo. Tal vez haya sido volver a despertar esa ilusión en los más pequeños, esos que mañana serán quienes cuenten estas historias y transmitan la misma pasión a las nuevas generaciones.
Porque mientras haya seis niños recorriendo calles de tierra con una bandera argentina, el fútbol seguirá siendo mucho más que un juego. Seguirá siendo un sentimiento capaz de unir, emocionar y recordarnos que, a veces, la felicidad cabe en una bicicleta y en un sueño vestido de celeste y blanco.
MIRÁ A LOS NIÑOS FESTEJANDO

