Miguel Cortijo, el santiagueño que trascendió las fronteras del deporte provincial
Irse de Santiago del Estero rumbo a Buenos Aires con apenas 16 años no era una decisión sencilla. Pero la propuesta de Najnudel terminó inclinando la balanza.

Por Fernando Serrano, desde la Redacción de sgosports.com.ar.
Hay historias deportivas que van mucho más allá de los títulos y las estadísticas. Son aquellas que hablan de talento, sacrificio, oportunidades y de personas que supieron descubrir el potencial de un joven para transformarlo en un referente. La historia de Miguel Cortijo reúne todos esos ingredientes.
Nacido en Santiago del Estero, Cortijo se convirtió en uno de los grandes bases del básquet argentino y en una figura que trascendió las fronteras de nuestra provincia. Su carrera estuvo estrechamente ligada a la figura de León Najnudel, uno de los grandes impulsores del básquet nacional y creador de la Liga Nacional.
Pero hay un detalle que hace todavía más particular la historia del santiagueño: cuando Najnudel lo descubrió, Cortijo ni siquiera jugaba de base.
Un talento que llamó la atención de Najnudel
El punto de partida fue el Campeonato Argentino de 1975, donde un joven Cortijo brilló defendiendo los colores de Santiago del Estero. Tenía apenas 15 años y ya despertaba el interés de importantes clubes.
Llegaron propuestas de Villa Mitre de Bahía Blanca y también hubo interés de Obras Sanitarias, a través del dirigente Roberto Sena. Sin embargo, fue León Najnudel quien logró convencerlo.

Cortijo recordó años después que el entrenador de Ferro tuvo un gesto determinante: habló directamente con su madre y le explicó el proyecto que tenía para él.
Irse de Santiago del Estero rumbo a Buenos Aires con apenas 16 años no era una decisión sencilla. Pero la propuesta de Najnudel terminó inclinando la balanza.
“León habló con mi vieja y le contó el proyecto que tenía en Ferro. Y al final me terminó convenciendo”, recordó Cortijo.
Así comenzó una relación que marcaría para siempre su carrera.
De jugar de todo a convertirse en base
En el Inti Club de Santiago del Estero, Cortijo había aprendido a jugar prácticamente en todas las posiciones. Najnudel vio en él condiciones especiales y comenzó a moldearlo para una función específica: la de base.
“El Ruso me terminó de pulir para jugar de base, cómo tenía que manejarme en la cancha porque en Inti jugaba de todo”, contó.

Fue un proceso de formación que llevó tiempo. El pase de Cortijo desde Inti a Ferro demoró casi dos años en concretarse. Mientras tanto, el joven santiagueño disputaba torneos juveniles de la Federación de Capital Federal, dirigido por Bonini, y también participaba en partidos amistosos con la Primera División, incluso durante las tradicionales giras de Ferro por distintas ciudades del interior.
Najnudel no solamente estaba formando a un jugador. Estaba construyendo a un líder.
“León era como un padre”
La relación entre ambos trascendió largamente la cancha.
“León era como un padre. Era un tipo al que no le podía fallar”, recordó Cortijo, dejando en evidencia la profunda influencia que Najnudel tuvo en su vida deportiva.

Para el santiagueño, la filosofía del entrenador era sencilla y efectiva: “Como entrenador era muy simple, veía el juego de una manera sencilla”.
Con una metodología de trabajo que combinaba planificación, disciplina y preparación física, Ferro comenzó a construir una generación extraordinaria.
Junto a Cortijo aparecieron nombres como Gustavo Oroño, Armando Cisneros, Vicente Pellegrino, Claudio Villanueva, Carlos Ferello, Carlos Gandolfo y Luis González, entre tantos otros jugadores que fueron formando una estructura que marcaría una época en el básquet argentino.
El gran Ferro de los años 80
Aquella camada convirtió a Ferro Carril Oeste en uno de los grandes equipos del continente.
Cortijo fue uno de los líderes de aquel proceso y formó parte de los planteles que conquistaron importantes títulos, entre ellos tres campeonatos de la Liga Nacional, además de los Sudamericanos de Clubes Campeones de 1981 y 1982 y el Campeonato Metropolitano de 1980.

El santiagueño se transformó en el conductor de un equipo que no solamente ganó: también dejó una marca en la historia del básquet argentino.
Un lugar en la Selección Argentina
El crecimiento de Cortijo también lo llevó a vestir la camiseta de la Selección Argentina, con la que debutó en 1979.
Su talento como conductor trascendió las fronteras y tuvo la oportunidad de disputar dos Mundiales. En el Mundial de España 1986, el santiagueño se destacó especialmente y terminó siendo el mejor asistente del torneo, una muestra de su enorme capacidad para leer el juego y hacer jugar a sus compañeros.

Un año después, en 1987, llegó otro momento inolvidable: Cortijo fue parte del seleccionado argentino que conquistó el Campeonato Sudamericano.
Un legado que nació en Santiago
La historia de Miguel Cortijo es también la historia de un joven santiagueño que encontró una oportunidad y supo aprovecharla.
Desde las canchas de Santiago del Estero hasta los grandes escenarios del básquet nacional e internacional, el base construyó una carrera marcada por títulos, liderazgo y reconocimiento.
Pero detrás de cada logro siempre estuvo aquel adolescente que en 1975 llamó la atención de León Najnudel. El mismo chico que dejó su provincia con apenas 16 años, que aprendió una nueva posición y que terminó convirtiéndose en uno de los grandes bases de la historia del básquet argentino.
Miguel Cortijo no solamente trascendió las fronteras de Santiago del Estero. Se convirtió en un embajador deportivo de la provincia y en parte fundamental de una generación que cambió para siempre el básquet argentino.
Y quizás allí radique una de las claves de su historia: un santiagueño que llegó a Buenos Aires para aprender a jugar de base y terminó enseñándole a varias generaciones cómo se conduce un equipo.
