Diego Gómez, una vida entre la pelota y la guitarra
Jugador y guitarrero. Dos palabras. Una misma historia. Una vida entera entre la pelota y la guitarra.

Desde la redacción de sgosports.com.ar, por José Fernando Serrano con la colaboración de Lautaro Barraza
Hay historias que no caben en una cancha. Tampoco en un escenario.
Hay vidas que necesitan de los dos lugares para ser contadas.
Porque hay futbolistas que alguna vez soñaron con estadios llenos, camisetas, goles y aplausos. Y hay músicos que encontraron en una guitarra la manera de transformar sentimientos en canciones. Pero también existen aquellos que no tuvieron que elegir.
Diego Gómez es uno de ellos.
Jugador y guitarrero.
Dos palabras que, a simple vista, parecen pertenecer a universos diferentes. Sin embargo, en su historia convivieron durante décadas. La pelota y la guitarra caminaron juntas, acompañándolo en los momentos de ilusión, en los sueños cumplidos, en las oportunidades que quedaron truncas y también en aquellos nuevos comienzos que llegaron cuando parecía que todo había terminado.
Hoy, cuando Diego se para frente a un escenario junto a La Ruda Brava, detrás del músico todavía está aquel chico que alguna vez convirtió una pelota en su juguete favorito.
Una pasión que nació en casa
Para encontrar el comienzo de esta historia hay que volver a la infancia.
Diego no duda cuando le preguntan de dónde nació su amor por el deporte y la música.
“Indudablemente me lo inculcó mi padre”, recuerda.
Su papá fue profesor de Educación Física, aunque sin título, y fue quien lo acercó a ese mundo donde las tardes parecían interminables y una pelota podía convertirse en el centro de todo.
Primero fueron los juegos. Después llegaron los entrenamientos. Más tarde, las camisetas, los vestuarios, los compañeros y los sueños.
A los 15 años, una invitación de su compañero de secundaria Fernando Gervino le abrió las puertas de Sarmiento de La Banda.
Allí tuvo como primer director técnico a Pinino Ruiz y compartió plantel con otro joven que, con el paso de los años, también se convertiría en un nombre reconocido dentro de la música bandeña: Julio Carabajal.
En aquel vestuario también estuvo Roberto “Bombo” López, entre otros compañeros que formarían parte de esos primeros recuerdos que nunca se borran.
Porque antes de que existieran los grandes escenarios o los partidos importantes, estaban aquellas tardes en las que todo parecía posible.
Los primeros sueños
Después llegó Central Argentino.
En sus divisiones inferiores compartió cancha con Luis Bozzetti, Pablo “El Chueco” Ledesma y Pablo Ávila, además de tantos otros compañeros con quienes compartió la ilusión de llegar.
El tiempo pasó y muchos de aquellos nombres terminaron vinculados al fútbol desde otro lugar, como directores técnicos asentados en el ámbito local.
Pero por entonces todos eran simplemente jóvenes persiguiendo un mismo sueño.
El de Diego era claro: llegar.
Y en 1996 apareció una oportunidad que podía cambiarlo todo.
Argentinos Juniors abrió una filial en Beltrán y Diego fue uno de los primeros cinco jugadores nominados para realizar una prueba.
Junto a él estuvieron, entre otros, Javier Molina, de Frías; Pancho Pogonza y Cristian Juárez.

La posibilidad de vestir alguna vez una camiseta de una institución con la historia de Argentinos Juniors estaba delante suyo.
El fútbol parecía abrirle una puerta hacia un mundo nuevo.
Finalmente, en 1997, por cuestiones personales, regresó.
Pero el regreso no significó abandonar el sueño.
Central Córdoba y el Torneo Argentino A
Antes de continuar su camino apareció otra figura importante: el profesor José "Capo” Noriega, quien lo llevó a Central Córdoba para disputar el Torneo Argentino A.

Otra camiseta. Otro vestuario. Otra oportunidad.
Allí compartió equipo con jugadores que todavía hoy aparecen en sus recuerdos: “Pollo” Roldán, Aldo Soria, Alex Zainedin, Daniel “Talón” Jugárez, Sebastián Gómez Ponds y Juan Domingo Contreras, entre otros.
Cada entrenamiento, cada viaje y cada partido sumaban capítulos a una historia que parecía tener destino profesional.
Pero el fútbol, como la vida, nunca garantiza el final que uno imagina.
Tucumán: estudiar sin abandonar la pelota
En 1999, Diego tomó una decisión que marcaría otra etapa de su vida.
Viajó a Tucumán para continuar sus estudios e ingresar a la Facultad de Educación Física.
Parecía que el camino profesional podía alejarlo del fútbol.
Pero la pelota volvió a aparecer.
Durante 1999 y 2000, tuvo la posibilidad de jugar en la reserva de Atlético Tucumán.
Una vez más, los botines volvieron a tener protagonismo.
Porque Diego podía cambiar de ciudad, de estudios o de circunstancias, pero había algo que seguía intacto: las ganas de jugar.
Una última oportunidad
En 2006, ya recibido, el fútbol volvió a tocar su puerta.
El profesor Luis Américo Valoy le permitió realizar la pretemporada junto al plantel profesional de Central Argentino.
Diego volvió a sentirse cerca de aquello que había perseguido desde chico.
Compartió la delantera con Matías Rojas y durante un tiempo pareció que la historia podía volver a abrirse.
Pero entonces llegó el golpe más duro.
Una rotura de ligamentos terminó marginándolo de las canchas y puso punto final a su carrera profesional.
La pelota dejó de ser una profesión.
Pero nunca dejó de ser una pasión.
Y siempre estuvo la guitarra
Porque mientras Diego corría detrás de una pelota, había otra compañera que permanecía cerca.
La guitarra.
Nunca se fue.

“En este proceso de futbolista, la guitarra siempre estuvo a mi lado como mi fiel compañera”, cuenta.
Y quizás esa frase explique buena parte de su historia.
Porque cuando una puerta comenzó a cerrarse en el fútbol, la música ya estaba allí.
Esperándolo.
La guitarra había sido compañera de ruta durante aquellos años y, poco a poco, comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante.
Llegaron diferentes experiencias y agrupaciones.
Dúo Semblanza, La Fussa y La Mistik fueron parte de ese recorrido artístico que fue creciendo con el tiempo.
Hasta que llegó el momento de tomar una decisión.
De ponerse al frente de su propia propuesta.
Así nació Diego Gómez & La Ruda Brava.
Una nueva etapa.
Una nueva identidad.
Pero la misma pasión.
Cuando la pelota volvió a rodar
La historia, sin embargo, todavía tenía reservado un último capítulo futbolístico.
En 2022, cuando parecía que los botines habían quedado definitivamente guardados, Diego volvió a encontrarse con viejos compañeros en la Senior de Central Córdoba.

Y el regreso fue cinematográfico.
No solo volvió a jugar.
Fue campeón.
Y como si la historia necesitara una escena final perfecta, Diego convirtió dos goles en la final.
Central Córdoba enfrentó a Atlético Tucumán en el estadio Alfredo Terrera, consiguió la victoria y se consagró campeón de la Liga.
El título le permitió al equipo representar a la institución en La Plata, donde finalmente terminó ocupando el quinto lugar.
Pero aquella experiencia significó mucho más que una copa.
Fue volver a ponerse los botines.
Volver a compartir un vestuario.
Volver a abrazar a compañeros con los que había vivido otros tiempos.
Volver a sentir aquello que ninguna lesión, ningún año transcurrido y ninguna despedida pudieron borrar.
En aquel equipo estuvieron Marcos Torres, Pablo Tuma, Darío Valoy, Pablo Paglioni, José Jugárez, Lucas Palomo, Paco Osuna, Pupi Storniolo, el Pelado Aranda, Diego Suárez, Gonzalo Cáceres y Albino Díaz, entre tantos otros.
Y Diego volvió a comprobar algo que ya sabía desde chico: hay pasiones que no se jubilan.
Dos pasiones, una misma vida
Hoy, cuando mira hacia atrás, Diego puede encontrar una vida atravesada por dos grandes amores.
El fútbol le enseñó el esfuerzo.
La música, la sensibilidad.
El fútbol le enseñó que nadie gana solo.
La música le enseñó que una canción también puede ser un abrazo colectivo.
La cancha le regaló compañeros, viajes, vestuarios, triunfos y derrotas.
La guitarra le entregó escenarios, canciones, amigos y la posibilidad de contar aquello que lleva adentro.
Quizás por eso resulte imposible separar al futbolista del músico.
Porque uno alimentó al otro.
Porque incluso cuando una lesión le quitó la posibilidad de seguir jugando profesionalmente, la guitarra permaneció firme.
Y cuando años después volvió a pisar una cancha, lo hizo con la misma ilusión que había tenido aquel chico de 15 años.
El hombre detrás de las dos pasiones
Hay personas que pasan por una cancha.
Hay personas que pasan por un escenario.
Y hay otras que hacen de ambos lugares una forma de vida.
Diego Gómez pertenece a esa última categoría.
El niño que encontró en una pelota su juguete favorito creció, persiguió sueños, conoció vestuarios y estuvo cerca de cumplir aquello que imaginaba desde pequeño.
También sufrió una lesión que lo obligó a cambiar el rumbo.
Pero no se detuvo.
Porque mientras el fútbol comenzaba a despedirse, la guitarra seguía esperando.
Y Diego la tomó.
Hoy, al frente de Diego Gómez & La Ruda Brava, continúa escribiendo su historia.

Una historia que no puede contarse solamente desde el fútbol.
Ni solamente desde la música.
Hay que contarla desde ambos lugares.
Desde aquella pelota que rodó por primera vez en su infancia.
Desde aquellos primeros entrenamientos en Sarmiento.
Desde Central Argentino, Central Córdoba y Atlético Tucumán.
Desde el sueño de Argentinos Juniors.
Desde aquella lesión que parecía cerrar un capítulo.
Desde las canciones.
Desde los escenarios.
Y desde aquel regreso inesperado en 2022, cuando volvió a ponerse los botines y terminó levantando una copa.
Porque, en definitiva, Diego nunca tuvo que elegir entre la pelota y la guitarra.
Las dos estuvieron siempre.
Una le enseñó a jugar.
La otra, a expresarse.
Y entre ambas construyeron una vida.
Jugador y guitarrero.
Dos palabras.
Una misma historia.
Una vida entera entre la pelota y la guitarra.
