La política interna del Club Atlético Boca Juniors sumó un capítulo de fuerte impacto institucional. El exdirigente xeneize Martín de Mendiguren, históricamente ligado a la génesis del oficialismo actual y de estrecho vínculo previo con Juan Román Riquelme, rompió el silencio con definiciones tajantes que sacuden el tablero electoral del club.
En un extenso repaso por la actualidad del mundo Boca, Mendiguren, tomó distancia definitiva de la conducción, denunció una deriva “personalista” en la gestión, planteó reformas estructurales inéditas para el estatuto y confirmó que se encuentra trabajando activamente junto a diversas agrupaciones en la construcción de una alternativa política opositora y con vocación de gobierno.
La ruptura con el modelo de Riquelme
Mendiguren recordó los inicios del ciclo que desplazó al macrismo en 2019, bajo la fórmula de Jorge Amor Ameal y Mario Pergolini: “Acompañamos ese proyecto con la expectativa de construir un Boca más moderno, ordenado e institucional. Lo mejoramos en todas las áreas. En mi caso, logramos hacer del club el más atlético de nuestra historia y, futbolísticamente, salíamos campeones todos los años hasta la final de la Libertadores en 2023”, analizó.
Sin embargo, el exdirigente marcó un punto de quiebre insalvable tras el reordenamiento político que entronizó a Riquelme en la presidencia: “Tuve diferencias claras con la forma en que Riquelme y su entorno querían romper con la división de roles. Boca terminó entrando en una lógica demasiado personalista, con poca apertura al debate interno, y eso generó un desgaste institucional que hoy el socio percibe claramente. Sabiendo eso, no quise formar parte de su espacio en 2023”.
Al ser consultado sobre sus ambiciones presidenciales, el dirigente evitó los personalismos pero dejó la puerta abierta: “No creo en candidaturas construidas desde el ego o un apellido. Estoy trabajando junto a dirigentes y agrupaciones en una oposición responsable y moderna. ¿Si el día de mañana me toca afrontar esa responsabilidad? Será el honor más importante de mi vida, pero debe ser consensuado en una mesa seria. Quiero un Boca unido, no partido en bandos irreconciliables”.
“Desenganchar” las elecciones de la política nacional
En el plano de la transparencia institucional, Mendiguren apuntó contra los manejos del padrón de asociados, una de las principales cajas de resonancia del malestar del hincha: “Existe una enorme demanda de claridad respecto de las altas y bajas, en especial dos años antes de las elecciones por la antigüedad para votar, y con los adherentes en lista de espera. El socio no puede sentir que entrar a Boca depende de contactos o discrecionalidades”, disparó, proponiendo padrones 100% digitalizados y auditorías externas permanentes.
Asimismo, lanzó una propuesta audaz para blindar la vida democrática del club: reformar el estatuto para desacoplar los comicios xeneizes de los turnos electorales de la República Argentina. “Boca tiene que discutir Boca. Cada vez que las elecciones del club coinciden con el clima político nacional aparecen operaciones, intereses externos y una grieta que contamina al socio. Necesitamos recuperar la autonomía institucional”, sentenció.
En esa misma línea de control de gestión, anunció que impulsará la creación de una Comisión de Control y Cumplimiento Estatutario integrada por oficialismo y oposición para auditar el avance físico y financiero de las promesas de campaña en tiempo real: “No puede pasar más que un dirigente prometa obras, transparencia o ampliaciones y nadie controle durante la gestión. La palabra del dirigente debe volver a tener valor, bajo pena de sanciones, multas o pedidos de destitución”.
Modernización sin SAD, federalismo y el fin del “relato” de la Bombonera
Respecto al debate sobre el gerenciamiento del fútbol argentino, el dirigente fue categórico: “Boca jamás puede convertirse en una SAD. Boca es de los socios y esa identidad no se negocia”. No obstante, advirtió que defender el rol social no implica manejarse de forma amateur: “Grandes clubes como Real Madrid o Barcelona compiten con estructuras profesionales. Boca debe potenciar su marketing internacional y desarrollo comercial. Pero hoy el club es de los socios solo de palabra, porque en la realidad ni siquiera pueden ir a la cancha”. Prometió, además, descentralizar la institución devolviéndoles protagonismo real a las peñas del interior y el conurbano: “Boca no termina en la General Paz”.
Sobre el recurrente problema de capacidad de la Bombonera, Mendiguren reclamó “honestidad brutal” y terminar con las chicanas discursivas. “Hace años vivimos atrapados entre anuncios, renders y promesas. La prioridad es ampliar y preservar la identidad, pero para eso hay que terminar con la grieta. Boca debe tener una relación inteligente y madura con el Gobierno nacional y con el de la Ciudad; sin esa articulación política es imposible destrabar una ampliación seria”, argumentó. Al mismo tiempo, criticó la estrategia vecinal del oficialismo: “Hay que terminar con la falta de respeto hacia los vecinos. No se puede prometer en campaña que vas a ir a tomar mate con ellos y después de la elección declarar todo lo contrario. Eso atrasa y rompe cualquier acuerdo”.
Pérdida de peso en CONMEBOL y reforma en el fútbol
Finalmente, en el plano estrictamente deportivo, Mendiguren reconoció el gran valor estratégico de las divisiones inferiores en Boca Predio, pero criticó con dureza la ingeniería financiera del actual Consejo de Fútbol: “Hoy Boca compra mucho y vende poco. Y cuando vende, no logra potenciar económicamente el talento que genera. Falta estrategia. El fútbol mundial evolucionó y la Primera División no puede depender de decisiones personalistas o aisladas. Creo en un modelo con un Director Deportivo de experiencia y una Secretaría Técnica con procesos claros de scouting”.
Para cerrar, el dirigente lanzó una fuerte advertencia sobre la alarmante pérdida de influencia política de Boca en los escritorios del fútbol continental: “Boca perdió peso político internacional. Hoy le preguntás al socio quién nos representa en CONMEBOL y nadie sabe. Las Copas Libertadores las ganan los jugadores en la cancha, pero también los dirigentes afuera, construyendo respeto y evitando que se naturalicen fallos o decisiones que terminan perjudicando a Boca. Hay que volver a pisar fuerte en la AFA y en Paraguay”, concluyó.

