El reciente escándalo que se vio en el fútbol de Brasil no pasó inadvertido en el resto de Sudamérica y el mundo. La batalla campal entre Atlético Mineiro y Cruzeiro fue uno de los temas más comentados en las redes sociales y los portales de noticias de todo el planeta.
Rápidamente, muchos lo tildaron como el duelo con más expulsados de la historia del deporte e incluso pedían su reconocimiento al libro de récords Guinness, pero pese a haber contado con 23 tarjetas rojas, el choque que más jugadores sancionados tuvo ocurrió en el ascenso de Argentina.
El 26 de febrero de 2011, la Primera D del fútbol argentino fue protagonista de un suceso que trascendió las fronteras. En el estadio Rodolfo Capocasa, Claypole se impuso por 2 a 0 ante Victoriano Arenas con goles de Jonathan Ledesma y Gastón Aranda, pero el resultado quedó en un segundo plano por la violencia. Rodrigo Sánchez, delantero de la visita con pasado en el dueño de casa, se fue expulsado durante el juego tras insultar a su propio entrenador, Sergio Colucci.
El atacante no se retiró a los vestuarios y, tras el silbatazo final, ingresó al campo para agredir a un futbolista del Tambero. El incidente desató una batalla campal que involucró a los 22 titulares, los 14 suplentes y los cuerpos técnicos de ambos clubes. El árbitro Damián Rubino, ante la imposibilidad de controlar el caos destacado en el estadio del sur bonaerense, decidió resguardarse y redactar el informe oficial en el vestuario.
La resolución fue inédita: el juez expulsó a los 36 protagonistas que figuraban en la planilla oficial del equipo de la isla y su rival. “En la zona de vestuarios fui a la planilla y marqué en el casillero de rojas a los 36 jugadores”, declaró el encargado de impartir justicia tiempo después. Esta cifra le otorgó al encuentro el reconocimiento oficial en el libro Guinness como el partido con más tarjetas rojas en la historia del fútbol.

