Augusto Batalla decidió poner en palabras una de las etapas más difíciles de su vida. El arquero surgido en River, hoy consolidado en el Rayo Vallecano, relató con una sinceridad poco habitual cómo el peso de las expectativas y la frustración deportiva derivaron en un cuadro de depresión que marcó su juventud.
“En mí, en mi persona, estaba totalmente deprimido, no tenía ganas de salir, no tenía ganas de ir a entrenar, no tenía ganas de relacionarme con nadie”, confesó Batalla al recordar aquellos años en los que pasó de ser una de las grandes promesas del club a sentirse atrapado en una espiral emocional cada vez más pesada.
El propio futbolista explicó que su decisión de quedarse en River, cuando todavía era muy joven, estuvo guiada por un sueño que no logró concretar. “Cuando era pequeño me vino a buscar el Madrid. Decidí quedarme en River porque estaba para debutar. Soñaba con una etapa espectacular y poder crecer. Y no lo logré, yo creo que por eso digo que fracasé, porque eran mis propios objetivos y no los pude cumplir”, relató con autocrítica, en diálogo con El Chiringuito.
Ese golpe deportivo tuvo consecuencias profundas en su vida cotidiana. Batalla describió cómo el aislamiento y la falta de descanso comenzaron a afectar no solo su rendimiento, sino también su bienestar personal. “Después, me costaba mucho dormir, entonces empezás a recurrir… porque tenés que dormir, sos deportista, si no dormís, no funcionás. Tuve una época donde por ahí tenía veinte años y me tenía que tomar dos vasos de vino para irme a dormir. No es normal que un chico de veinte años pase por esas cosas”, reveló.
El arquero explicó que esa dinámica se transformó en un círculo vicioso difícil de frenar. “Empezás a hacer cosas mal que al otro día te van pesando. Dormiste mal, descansaste mal, no tenés ganas. Es como una rosca, una rueda que es difícil de parar”, señaló. Y agregó que esas conductas terminaban afectando todos los planos de su vida: “Tu rendimiento deportivo, tu fase como persona, como amigo, como hermano, como hijo”.
Con el paso de los años, Batalla aseguró haber encontrado un equilibrio que antes parecía imposible. “Después de muchos años, creo que deportivamente me he levantado, personalmente he crecido un montón y ese camino estoy feliz de haberlo transitado”, concluyó, dejando un mensaje que trasciende al fútbol y pone en primer plano la importancia de la salud mental en el deporte de alto rendimiento.
El punto de quiebre en la carrera y vida de Augusto Batalla
Uno de los momentos más determinantes llegó con su salida a préstamo a Chile, una experiencia que funcionó como punto de quiebre. “Hay un momento clave de mi vida, que es cuando yo me voy a préstamo a Chile y me encuentro que hacía un año era el arquero de River, una de las máximas promesas del club. Y un año después estaba en un club en Chile solo, un club súper pequeño, y digo: ‘¿Qué pasó desde la cima de la montaña hasta donde llegué?’”, recordó.
Esa reflexión lo llevó a tomar una decisión fundamental. “Ahí fue cuando dije: ‘No, esto hay que cambiarlo. No es lo que quiero yo para mi vida’. Y ahí fue cuando dije: ‘Bueno, vamos a buscar ayuda profesional’”, contó Batalla, marcando el inicio de un proceso de reconstrucción personal.
El apoyo psicológico como salvavidas
El ex River subrayó que la salida no fue individual ni inmediata. “Fui al psicólogo, sigo yendo al psicólogo. Y mi psicólogo fue la persona que realmente me pudo sacar de ahí. No salí solo”, afirmó.
Por último, destacó el rol de quienes lo acompañaron en ese camino: “Salí con un kinesiólogo, con un preparador físico muy amigo mío, con ayuda de un entrenador de arqueros, con el acompañamiento de mi pareja. No se sale solo, solo no se sale”.

