“Ella me ayudó”, fue la frase concisa y directa, que más se repitió en la fila de más de dos cuadras, donde unas 300 personas pasaron en la tarde del martes por la Legislatura santafesina, donde en el centro del salón estaba el féretro de Alejandra “Locomotora” Oliveras. No fue una multitud a despedirla, pero las personas que asistieron, más allá de un puñado de dirigentes políticos, expresaban una gratitud sentida hacia la ex boxeadora que murió tras estar diez días internada luego de sufrir un ACV.
En su mayoría quienes pasaron por el edificio legislativo eran mujeres, muchas de ellas, acompañadas por sus hijos y que, según expresaron, se sintieron identificadas con la vida de Oliveras. La “ayuda” a la que se referían no era material, en muchos casos, sino “una manera de encarar la vida”, como resumió Sandra Aguirre, una vecina del barrio Yapeyú, zona histórica de la ciudad de Santa Fe, atravesada por la pobreza. “Ella enseñaba a luchar no solo en el ring, sino también en la vida, en cada mañana en que uno tiene que levantarse”, agregó.
La gente que concurrió a la sede del parlamento provincial cumplió a rajatabla el pedido de la hermana de Alejandro. Hubo en el ambiente un respeto sentido, que nadie quebró.
ASÍ DESPEDÍA AL FÉRETRO CON LOS RESTO DE LA “LOCOMOTORA”